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Aunque no se habla
de una relación directa entre la religión católica
y el uso del árbol de Navidad en el mes de diciembre,
el arreglo |
es una práctica tan común como el pesebre,
la Misa de Gallo, Santa Claus y el día de Reyes Magos.
No existe un registro detallado que certifique sobre el primer
uso del árbol de Navidad, para festejar el nacimiento
de Jesús. Pero como se menciona que en el año
200 d.c. ya se presentaba el uso de árboles en la celebración
de la Navidad.
Aunque no dejan de ser conjeturas, para el siglo VI, el papa
Gregoriano I recomendaba tolerancia a los miembros de la jerarquía
eclesiástica hacia las manifestaciones populares que
por su festejo y creencia bien podían tener una interpretación
pagana.
La leyenda del abeto es tan vieja como el cultivo del mismo
árbol. Fue en el sigo VIII, en la antigua Germania, cuando
un monje inglés, llamado Winfrid, taló en una
nochebuena, un roble que era utilizado en las festividades paganas
para ofrecer vidas en sacrificio. En ese mismo lugar brotó
milagrosamente un abeto y por eso su especie se tomó
como emblema del cristianismo.
Para los bretones (grupo celta de Bretaña), el árbol
de Navidad fue descubierto por Persifal, caballero de la mesa
redonda del rey Arturo, mientras buscaba el Santo Grial o cáliz
de la Última Cena de Jesús. La leyenda cuenta
que el caballero vió un árbol lleno de luces brillantes,
que se movían como estrellas. El escritor alemán
Goethe, en su libro Werther, también hizo alusión
a un frondoso arbusto lleno de caramelos y figuras religiosas.
El antecedente más cercano a nuestra tradición
parece remontarse a la Alemania de los primeros años
del siglo XVII. En 1605, un árbol fue decorado para ambientar
el frío de la Navidad, costumbre que difundió
rápidamente por todo el mundo. El árbol de Navidad
llegó a Finlandia en el año de 1800; en Inglaterra
en 1829, y fue el príncipe Alberto, esposo de la reina
Victoria, quien ordenó adornar el castillo de Windsor
con un árbol navideño en 1841.
La tradición del abeto decorado, salió de Inglaterra
directo a Estados Unidos, en tiempos de la colonización.
Se le atribuye a August Imgard, un hombre de Ohio, quien instaló
el primer árbol navideño en 1847. De ahí
en adelante, la cultura norteamericana ha sido abanderada en
materia de decoración navideña. Árboles
cuyas dimensiones, abarcan la atención en parques, centros
comerciales, tiendas, calles y hogares. Sintético, natural,
seco, fresco, blanco o verde; lo que importa es que se sigue
adornando cada año. |
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