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Aunque la leyenda de Papá Noel proceda en parte de
San Nicolás, un religioso que medioevo, es quizás
uno de los mayores misterios que se encierra alrededor de
la celebración decembrina.
Nicolás fue un santo nacido en el puesto de Patara,
en Asia Menor, hace muchos siglos. Llegó a ser obispo
de Myra y como tal desarrolló una importante labor
social repartiendo regalos entre los niños desprotegidos
y las mujeres desamparadas. Sus obras le otorgaron el título
de Santo.
La historia de San Nicolás reapareció muchos
años después de su muerte en Holanda, donde
la víspera de su día (6 de diciembre), se escuchaban
pasos y sombras de un hombre que recorría la ciudad
repartiendo regalos a los niños vagabundos.
Sus primeras visitas a América fueron en el día
de San Nicolás, para traer regalos a los niños
de las colonias holandesas. Sin embargo, dado que la cultura
norteamericana tiene una fuerte presencia inglesa, este fue
llamado Santa Claus, nombre con el que se conoce en Estados
Unidos y América Latina.
De acuerdo a las regiones y países, este personaje
cambia de nombre. En Francia lo llaman Père Nöel;
en Alemania Kriss Kingle (Niño Cristo) y está
personificado por una hada masculina; y en Rusia es el Abuelo
Invierno. En cambio en Italia, existe un mito muy curioso
entorno a Santa Claus. Según la leyenda la bruja Befana,
barría su casa cuando pasaron los Reyes Magos hacia
el pesebre de Belén y la invitaron a ir con ellos.
Al no acompañarlos, la Bruja sale cada año a
repartir regalos en busca del Niño Dios, como acto
de arrepentimiento.
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