Hacia el sur oriente de la Ciudad de Santiago de Guatemala
(La Antigua Guatemala), al pie de verdes colinas, y a tres
kilómetros de distancia de la ciudad colonial, unida
a la misma por carretera de terracería transitable
durante todo el año; se encuentra la aldea de Santa
Catalina Bobadilla que después del terremoto del
29 de julio de 1773, perteneció a la jurisdicción
del entonces municipio de San Juan del Obispo y, años
más tarde, al municipio de San Pedro las Huertas.
Por Acuerdo Gubernativo de fecha primero de octubre de 1935,
las comunidades de San Pedro Las Huertas, San Juan del Obispo,
San Gaspar Vivar, San Cristóbal El Bajo y Santa Catalina
Bobadilla, con categoría de aldeas pasaron a la jurisdicción
de La Antigua Guatemala, a la que pertenecen hasta la fecha.
Su altura sobre el nivel del mar es de 1,540 metros y su
población es estima en un poco más de un mil
habitantes. Su clima es templado durante todo el año.
Santa Catalina Bobadilla cuenta con varias labores cultivas
en su mayor parte de café y árboles frutales
de excelente calidad.
Sus laboriosos habitantes se dedican en su mayoría
a la agricultura y a labores de artesanías varias.
Su comercio lo hacen directamente con La Antigua Guatemala,
lugares circunvecinos y la capital a través del transporte
que pasa por su jurisdicción procedente de Ciudad
Vieja, Santa María de Jesús, San Juan del
Obispo y San Pedro Las Huertas.
Esta pintoresca aldea cuenta con una auxiliatura municipal,
una escuela elemental y al oriente de su plaza central con
su templo católico, así como con los servicios
esenciales de agua potable y alumbrado eléctrico.
Sin duda alguna entre sus construcciones públicas,
la que más sobresale es su templo dedicado a Santa
Catalina, virgen y mártir; se tiene noticias que,
la primera iglesia fue modesta en su contrucción
pero, gracias al entusiasmo de sus fieles, en el siglo XVII
fue ampliada y embellecida y años más tarde
construyeron otra más formal, estilo barroco por
resultar insuficiente la anterior para el culto religioso.
Este templo sufrió serios daños con los terremotos
de 1717 y aún más con el terremoto del 29
de julio de 1773. Es posible que esta iglesia haya sido
puesta al servicio del culto religioso en 1632, año
en que gracias a la piedad de los fieles y con el deseo
de rendir culto a la imagen de Jesús Nazareno, encargaron
al notable artista Juan Perales, les esculpiera una escultura
de dicha imagen que, con toda solemnidad, se bendijo el
25 de febrero de 1632 y que ese año saliera, por
primera vez procesionalmente el Martes Santo, siendo su
itinerario únicamente las principales calles de la
aldea y del municipio de San Juan del Obispo. Los terremotos
del 29 de julio de 1773, como indicamos, destruyeron seriamente
la fábrica del templo, viéndose obligados
sus vecinos a trasladar las imágenes de su devoción,
provisionalmente, al templo de San Juan del Obispo, entre
ellas la de Santa Catalina mártir y Jesús
Nazareno. Al finalizarse los trabajos de restauración
del templo de Santa Catalina mártir, las veneradas
imágenes volvieron en solemne procesión al
templo de la aldea. Los terremotos del 25 y 29 de diciembre
de 1917 y los de 3 y 24 de enero de 1918, vuelven a destruir
seriamente el templo de Santa Catalina mártir, ante
tal tragedia los vecinos construyeron modesto oratorio y
trasladan allí las imágenes de su devoción,
mas tomando en consideración que el mismo no ofrecía
mayores seguridades optan por trasladarlas provisionalmente
al Oratorio de San Felipe Neri (Escuela de Cristo) de La
Antigua Guatemala, sede parroquial de Nuestra Señora
de los Remedios, jurisdicción eclesiástica
a la que pertenecía la aldea, en tanto se procedía
a los trabajos de restauración de su templo que felizmente
concluyeron en 1935; los sismos del 6 de agosto de 1942,
una vez más, destruyen el templo de Santa Catalina
y dos años después, sus vecinos se dan a la
ardua tarea de reconstruir nuevamente su iglesia, que es
puesta al servicio religioso el 25 de noviembre de 1947,
en que tuvo lugar el solemne acto de bendición, tomando
en consideración que en esa fecha la Iglesia conmemora
la festividad de Santa Catalina, virgen y mártir,
patrona de la aldea.
Una vez más, la fábrica del templo de Santa
Catalina, es dañada por el terremoto del 4 de febrero
de 1976, motivo por el cual los vecino proceden a organizar
un comité para reconstruirlo; modificando su estilo
original, por uno más modesto y funcional. La obra
se terminó en 1979.
En 1944 la Junta Directiva de la Hermandad de Jesús
Nazareno acuerda organizar la solemne procesión de
la venerada imagen nazarena y sacarla el tercer domingo
de cuaresma ampliando su recorrido hacia La Antigua Guatemala;
en 1948 por disposición de la Junta Directiva se
acuerda que tal procesión sufra en nuevo cambio,
esta vez, se traslada al primer domingo de cuaresma, como
hasta la fecha se viene acostumbrado.
El 25 de noviembre de cada año, los vecinos celebran
su festividad patronal, en honor de Santa Catalina; con
actos religiosos, culturales, deportivos y populares, a
los que asisten no sólo los propios, sino también
de otros lugares cercanos a la aldea.
Como dato curioso conviene hacer notar que la cruz de piedra
labrada que descansa sobre modesto pedestal en la plazuela
del lugar, perteneció a la fuente del Guarda de Santa
Inés del Monte Pulciano y, que al ser ampliada la
carretera que de la Antigua Guatemala conduce a la capital,
les fue cedida, según parece, por la Municipalidad
de La Antigua Guatemala y, años después, la
fuente fue trasladada al primer patio de las ruinas de Capuchinas
evitando que fuera a perderse definitivamente, cuando tales
ruinas estaban al cuidado del Instituto de Antropología
e Historia; actualmente allí funcionan las oficinas
del Consejo Nacional para la Protección de La Antigua
Guatemala (CNPAG).
Dada la hospitalidad de sus vecinos y lo bello del lugar,
suele ser visitada la aldea de Santa Catalina por nacionales
y extranjeros.