Al sur y a cuatro kilómetros de la ciudad de Santiago
de los Caballeros de Guatemala (La Antigua Guatemala) se
encuentra la pintoresca población de San Juan del
Obispo, actual jurisdicción de la cabecera del departamento
de Sacatepéquez, llamada así en memoria de
su fundador, el licenciado don Francisco Marroquín,
primer Obispo de Guatemala, San Juan del Obispo se encuentra
en las faldas del Volcán de Agua (Hunahpú)
que le sirve de marco de impresionante belleza y encanto.
Esta población se encuentra a 1,600 metros sobre
el nivel del mar y cuenta con una población de 1,300
habitantes.
Sus calles están trazadas de norte a sur y de oriente
a poniente; las primeras son rectas mientras que las últimas
son tortuosas dada lo inclinado del terreno donde se localizan.
Al lado oriente de su plaza mayor se yergue su templo estilo
barroco construido hacia 1547 y su hermosos palacio episcopal,
desde el cual se observa hacia la parte norte el amplio
y maravilloso Valle de Panchoy donde se asentó en
1543 a 10 de marzo, la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago
de Guatemala, entonces metrópoli del reino de Guatemala,
coronada por sus colosos volcanes de Agua, Fuego y Acatenango.
San Juan del Obispo por su clima templado y por lo laborioso
y el acogedor sentimiento de sus habitantes, es muy visitado
por turistas nacionales y extranjeros.
Su templo es rectangular y su fachada resulta modesta en
su construcción barroca, observándose que
el ventanal central y que da al coro alto interior, lamentablemente
está clausurado, el campanario que lució hermoso
en su época aún no ha merecido el cuidado
de su restauración. El ingreso del templo puede hacerse
por tres amplias puertas, una central que se aprecia en
su fachada principal y dos laterales, la del lado norte
comunica directamente al templo con el palacio episcopal,
la del lado sur da directamente a la plaza mayor; su interior
es amplio gracias a la presencia de dos órdenes de
pilastras de madera que descansan sobre basamentos de piedra
labrada dándole la impresión que fuera de
tres naves; en la parte posterior de la fachada se observa
la presencia del coro alto, en sus muros laterales vemos
algunos ventanales que por sus dimensiones no dan al recinto
suficiente luz natural, lo cual le da un aspecto sombrío
al interior. El templo está cubierto por un techo
artesonado cubierto de teja de barro cocido que en varias
oportunidades ha sido objeto de restauración. El
cuerpo del templo está separado del presbítero
por un arco de calicanto de medio punto. Adosados a los
muro interiores se aprecian hermosos retablos tallados dedicadamente
en madera, algunos de ellos aún recubiertos de láminas
de oro y dos, como caso curioso, recubiertos con láminas
de plata. Decoran tales retablos la presencia de esculturas
y pinturas al óleo que datan aproximadamente del
año 1547, uno de ellos ostenta la siguiente inscripción:
"Hízose y acabóse este retablo a fines
del año 1619 siendo mayordomo y regidor Pedro de
Lira, renovóse y..." y corresponde a la escultura
de la Inmaculada Concepción. Tanto las esculturas
como los óleos y los propios retablos por su acabado
nos dan la idea que fueron elaborados por notables artistas
de la época. El presbiterio y la capilla privada
dedicada a la santísima Virgen de Dolores han sido
objeto de restauración. En el presbiterio se lucen
dos hermosos retablos de delicado gusto artístico,
uno dedicado al patrono del lugar, San Juan Bautista que
presenta dos órdenes de óleos que nos recuerdan
la vida del santo patrono y en sus respectivas hornacinas
se encuentran esculturas que representa imágenes
de santos de las órdenes religiosas franciscanas
y dominica; ocupa lugar preferente el sagrario que es una
obra artística de orfebres guatemaltecos del siglo
XVI o XVII, en la parte central; luego en su orden hacia
la parte superior, se aprecia la escultura de San Juan Bautista
y un Santo Cristo. Al costado sur del presbiterio, se encuentra
un magnífico retablo dedicado a San Antonio de Padua,
delicadamente tallado en madera, recubierto de láminas
de oro y que presenta la característica ornamental
de pequeños espejos que, juntamente con la presencia
de las pinturas que lo embellecen se observa que fue delicadamente
elaborado. También el altar mayor y los dos púlpitos
delicadamente tallados en madera y recubiertos con lámina
de oro sobre campo color marrón, dan al presbiterio,
al interior del templo, así como la presencia de
la capilla de Jesús Nazareno, la sensación
de encontrarse visitando un museo interesante de antiguos
y curiosos enseres. La capilla de la Dolorosa es sin duda
alguna, sencillamente bella, su construcción es abovedada
y luce en su parte central las heráldicas correspondientes
al primer obispo de Guatemala, licenciado don Francisco
Marroquín, y el del recordado arzobispo de Guatemala,
Mons. Mariano Rossell y Arellano, quien se preocupó
en poner en valor este monumento y el palacio episcopal,
llamado también del obispo Marroquín. En la
capilla sobresale en artístico retablo una magnífica
escultura de la Santísima Virgen de los Dolores,
de estofe y policromado, posiblemente del siglo XVII, en
ella puede admirarse hasta el más delicado dobles
de su tunicela y manto, así como la expresión
de su rostro y manos, aun y cuando se desconoce el nombre
del autor, se deduce por su conjunto que fue burilada por
un notable artista de la época; complementa la ornamentación
del retablo, óleos que representan pasajes sobresalientes
de la santísima Virgen Dolorosa. Por lo ornamentado
y acabado del interior de la capilla, delicadamente estucada,
merece visitarla de manera especial.
Contiguo al templo que fue puesto al servicio del culto
religioso en 1547 y al norte del mismo, se localiza el palacio
del obispo Marroquín, llamado así porque gracias
a su iniciativa y empleando sus propios recursos económicos
fue posible su construcción. Su estilo barroco, al
centro del patio principal que es de un solo nivel, luce
artística fuente; en este sector se localiza un corredor
de sobria y elegante arquería cubierto con bóveda
corrida, de medio punto y abovedada en sus cuatro esquinas
angulares; un corredor exterior a todo lo largo de la construcción
que da hacia la parte norte y oriente del mismo con pilastras
de calicanto y cubierto de terraza española con elegante
graderío y portada hacia el norte y sirve al mismo
tiempo de mirador, desde donde el obispo Marroquín
solía admirar la hermosa panorámica que se
ofrece a nuestra vista del bella Valle de Panchoy y de la
ciudad de Santiago de Guatemala (La Antigua Guatemala),
cuando disponía retirarse a descansar por brete tiempo
de las fatigas que le representaba el ejercicio de su noble
apostolado episcopal; este patio comunica directamente con
la plaza mayor a través de la elegante fachada que
da al poniente del recinto episcopal, también se
observan al sala, el despacho y habitaciones personales
del obispo, delicadamente amueblados y decorados; al oriente
y contiguo al templo se halla la capilla de la Dolorosa.
Un corredor que separa la mencionada capilla del comedor
episcopal comunica directamente al patio principal de otro
interior, cuya construcción barroca esta ornamentada
con arcos y bóvedas de medio punto; puede observarse
que la parte oriente de este segundo patio es de dos niveles
y al centro luce hermosa fuente colonial, delicadamente
ornamentado con bellos jardines que le dan un ambiente acogedor
y que celosamente cuidan las religiosas de Betania que en
él han establecido su noviciado. En su distintos
aposentos se exhiben algunos óleos y esculturas de
valor histórico, fragmentos de retablos, mobiliario
y otros enseres de la época.
Es de advertir que tanto el templo como el palacio del
obispo Marroquín, sufrieron daños en diferentes
épocas y particularmente con motivo del terreno del
29 de julio de 1773; sin embargo, actualmente podemos observar
y admirar esos monumentos gracias al entusiasmo del Exemo.
e Ilmo. Arzobispo de Guatemala, Mons. Mariano Rossell y
Arellano, quien sufragó los gastos de su reconstrucción,
devolviéndole su valor histórico, cultural
y religioso, así como dotándolo del mobiliario
necesario, siendo elaborados algunos de ellos por el notable
tallador y artista don Francisco Echeverría y que
datan del 9 de agosto de 1939; lo que más maravilla
de este artista al contemplar su delicada obra es que era
sordomudo.
Rodean estos monumentos numerosos árboles de intenso
follaje, siempre verdes, en todos sus matices, los rojos
techos de las moradas de sus laboriosos habitantes, que
en su mayoría se dedican a la agricultura, existiendo
también notables ebanistas y artesanos que acogen
con particular hospitalidad a quienes suelen visitar esa
pintoresca aldea, que siendo municipio de Sacatepéquez,
durante la administración del general Jorge Ubico
fuera transferida a la calidad de aldea, formando desde
entonces parte de la jurisdicción de La Antigua Guatemala.
Sobre la parte más alta de la fachada del templo
se alzaba, hace muchos años, una hermosa cruz de
hierro forjado donde solían posarse las aves al caer
la tarde.
La plaza central o mayor es amplia, del lado oriente y
frente al templo sobre un pedestal de calicanto con sus
respectivas gradas se alza una hermosa cruz tallada en piedra
traída de las canteras de Carmona, próxima
a ella, símbolo de su fe, está sembrado un
árbol de esquisúchil donde anidan las aves
y cuya sombra brinda a sus visitantes un ambiente fresco
y agradable en épocas de sofocante calor; sus albas
flores aroman el ambiente y son apetecidas porque tienen
como característica especial de ser medicinales.
Según la tradición fue sembrado por el beato
Hermano Pedro de San José de Betancur, quien sembrara
en ese lugar un vástago del árbol mismo nombre
en la plazuela de la ermita del Calvario en La Antigua Guatemala.
Hacia el sur de la propia plaza se levantan aún dos
de las cuatro capillas que en las festividades del Corpus
Christi son utilizadas por las asociaciones religiosas para
elaborar altares donde descansa el Divino Sacramento en
su recorrido procesional. Al centro de la plaza se lenta
un rústico quiosco donde tienen lugar los conciertos
de música en días festivos, y está
rodeado de jardines celosamente cuidados por los propios
vecinos.
Al sur de la plaza y en la parte alta del terreno, se encuentra
el edificio municipal, secretaría, oficina de telégrafos
y correos, cárcel y otras dependencias ediles. Su
construcción es modesta y a pesar de las diferentes
restauraciones de que ha sido objeto en distintas épocas,
se tiene la idea que su corredor original fue de terraza
española. Al poniente de este edificio, se levanta
la construcción de un salón social de servicios
múltiples y frente al mismo un campo deportivo; al
sur del templo y a poca distancia se observa la presencia
de una escuela rural mixta que ostenta el nombre del obispo
Marroquín.
Los vecinos del lugar cuentan con los servicios públicos
esenciales: agua potable, alumbrado eléctrico y rastro
de ganado menor. Recorriendo las calles de la población
se nota la presencia de talleres artesanales y dependencia
comerciales de distinta naturaleza. Los productos elaborados
por sus artesanos y los que son cosechados en el campo,
tales como: café, maíz, fríjol, abundante
variedad de frutos como naranjas, manzanas de excelente
calidad, ciruela, níspero, etc., parte es aprovechado
por ellos para su consumo diario y lo demás es llevado
a la cabecera departamental, a Escuintla, la capital (Guatemala)
y lugares vecinos, gracias a que cuentan con buena carretera
y servicios de transporte. En ese sector, es famosa la lecha
de la Hacienda "Carmona".
En cuanto al origen del lugar, cuentan personas de edad,
que la primera comunidad se estableció a poca distancia
de la actual casa de los propietarios de la Hacienda "Carmona"
a raíz del traslado de la ciudad de Santiago fundada
por don Pedro de Alvarado en Iximché, al Valle de
Almolonga; dando el nombre de San Bartolomé y que
eran procedentes de la zona occidental del reino guatemalteco.
Mas en cierta ocasión, cuando se conmemoraba la festividad
patronal de San Bartolomé, 24 de agosto, en la víspera
de la misma, siempre tenía lugar un baile de enmascarados
(disfraces) y en ese grupo, en el que participaban los jóvenes
del lugar, había uno de ellos que siempre aspiraba
a ser el mejor, lo que jamás conseguía; mas
teniendo noticias que próximo al lugar existía
un "encanto", llegó a él y efectivamente
encontró a un personaje raro y que toma distintas
formas, unas veces de persona extraña y otras de
animales, a quien expuso su deseo de sobresalir en el baile
que se aproximaba con motivo de la fiesta patronal y que
recurría a él porque tenía conocimiento
que podía ayudarle en sus aspiraciones. Fue escuchándole
y ofreciéndole lo que pedía a cambio de que
le diera su alma, si al llegar a determinara hora de la
noche del día 24 de agosto, no volvía al lugar
donde se encontraba.
Llegó el día tan ansiado por aquel joven
que era ser admirado por los vecinos de San Bartolomé
y visitantes durante el tradicional baile; ese día
se presentó luciendo sus mejores trajes y bailando
en forma extraordinaria, llamando la atención de
todos, a tal extremos que los asistentes al baile, olvidando
también sus deberes religiosos, estaban embebidos
ante lo que observaban en aquel joven para ellos desconocido.
Lo propio sucedió al joven que gozaba de tal manera
que también se olvidó del compromiso contraído
con el "encanto"... transcurrió el tiempo
y cuando más disfrutaban de aquel espectáculo,
de pronto se nubló el firmamento y luego se produjo
una torrencial lluvia seguida de fuerte tormenta, al extremo
que de los cerros vecinos descendieron fuertes correntadas
que dieron por tierra con todo lo que encontraban a su paso...
transcurrió el tiempo y todo quedó arrasado
por la corriente, desapareciendo la población y sus
vecinos lo mismo que aquellos curiosos visitantes que se
habían dado cita en la fiesta de San Bartolomé.
Al volver la tranquilidad, quienes acudieron a prestar auxilio
ante la tragedia, pudieron observar - entre el fango, grandes
cantidades de piedras, ramas de árboles y otros materiales
- a un hombre joven, desfigurado y con signos de desesperación,
que los horrorizó ignorando que era él, precisamente,
el provocador de la tragedia, ante la ambición de
querer sobresalir y llamar la atención ante los integrantes
de aquel baile tradicional y la admiración de los
vecinos y visitantes; ciertamente lo consiguió pero
a cambio no sólo de entregar su alma y la de aquellos
infelices que asistieron al baile, así como la destrucción
de su propio pueblo, según la leyenda.
Ante esa tragedia, los pocos sobrevivientes optaron trasladarse
a otro valle, habiendo seleccionado las autoridades superiores,
el lugar donde está actualmente asentada la pintoresca
y progresista población de San Juan del Obispo.
Por lo expuesto en mínima parte, bien vale la pena
visitar este bello jirón de nuestra patria, Guatemala,
particularmente al templo y palacio episcopal del licenciado
Francisco Marroquín y como él, desde el mirador
de ese palacio, recrearnos al contemplar el hermoso Valle
de Panchoy, rodeado de colinas color esmeralda, sus colosos
volcanes de Agua, Fuego y Acatenango, y lo lejos, la patriarcal
ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala (La Antigua
Guatemala) que otrora fuera la reina y señora del
reino, con sus barrios populosos, sus alamedas, plazas y
jardines, las ruinas de sus monumentales templos y conventos
, casas solariegas que otrora encerraron admirables obras
de arte, sus silentes calles, las hornacinas de sus santos
estucados, sus ermitas, su palacio de los Capitanes Generales
y del Muy Noble Ayuntamiento, la que fuera Real Casa de
Moneda, Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo,
Colegio Tridentino de Nuestra Señora de la Asunción,
las construcciones de sus colegios mayores y centros asistenciales,
el arco de las monjas catalinas, los conventos de las religiosas
capuchinas, concepcionistas, clarisas, S.I. Catedral, palacio
arzobispal, los templos de San Sebastián, la Candelaria,
los Remedios, los conventos de los frailes mercedarios,
franciscanos, agustinos, jesuitas, de San Felipe Neri, betlehemitas,
etc.; algunos de ellos restaurados y vueltos a poner en
valor por su historia, por haber irradiado cultura y ser
centros religiosos de importancia, entre ellos la casa donde
el obispo Fray Payo Enríquez de Rivera, introdujera
la primera imprenta que dio gran impulso a nuestra cultura;
ciudad centenaria, cuna de grandes varones, etc., hasta
los jardines y huertas cercanas y de tantos otros sitios
de leyenda e historia. Ante tan maravillosa vista, nuestro
ánimo se sorprende, dejando en nuestra memoria un
recuerdo grato e imperecedero, y la ilusión de volver
a contemplarlo.