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Esta construcción se terminó en
1705, varios años después de sus fundadoras, monjas
procedentes de México arribaran a Guatemala en 1669. El arquitecto
Diego de Porres realizó una nueva construcción, puesto
que los terremotos de 1717 destruyeron los viejos edificios, de
los cuales no quedo absolutamente nada. Esta nueva construcción
se terminó en 1734. El claustro principal del convento es
espacioso y rodeado de arquería en sus dos niveles. Una fuente
de piedra tallada es el centro de el patio principal, y en los patios
laterales existen otras pequeñas. La sacristía, el
comedor, la cocina y la sala de labores estaban en el piso bajo
del convento. Existían también un noviciado y una
sección con celdas para religiosas profesas de la Orden de
Santa Clara. Debido a que las monjas estaban en clausura nunca salían
al exterior, y por ello la fachada del templo está en el
interior del convento. Esta fachada, es una de las más hermosas
de La Antigua, en su decoración con estuco sobresalen sus
pilastras serlianas.
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