Hubo un joven que era muy trasnochador. Se llamaba Carlos Roberto
y era guardián de un terreno. Siempre que regresaba ya muy
entrada la noche, encontraba un perro blanco enfrente de su puerta.
Era grande y peludo, pero nunca dejaba que Carlos se le acercara.
El perro al ver que él entraba a su casa se sacudía,
daba vuelta y desaparecía. Y esto sucedía todas las
noches que Carlos llegaba muy tarde a su casa. Un día de tantos,
Carlos quiso seguirlo para verlo de cerca y de donde venía,
pero nunca lo logro alcanzar.
Alguien le dijo que era El Cadejo, y que cuidaba de su mujer y
sus hijos cuando el no estaba.
Este es el Cadejo bueno, el que anda y cuida a las mujeres, porque
el Cadejo negro es que siempre anda detrás de los hombres
que están borrachos.

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