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Al Sombreron le gustan las muchachas bonitas de pelo largo. Y dicen que la hija de Doña Lota, una mujercita bien bonita, amanecía con unas trenzas pequeñitas en el cabello, que le constaba mucho trabajo deshacérselas. Luego ella misma contó que por las noches se le aparecía un hombrecito que le bailaba y le cantaba. Asustada por aquel pequeño ser, consultó al Padre de Belén, quien le dijo: Dale una zalea negra y un jabón, y luego dile que cuanto lave y la deje blanca como las nubes, tú te iras con él.

Luego de esto el Sombreron nunca más regresó, porque lo más seguro es que aún este lavando la azalea, y es que dejarla blanca le ha de estar constando, porque de por sí la zalea es negra.

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